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Pepe Loeches: ¡La paz sea contigo! LA RANA DEL TAJO

“La paz sea contigo”, era el saludo habitual de Pepe Loeches cuando te encontrabas con él o cuando te descolgaba el teléfono. ¡La paz sea contigo!, Pepe Loeches, en los jardines en los que tu alma generosa, musical y colmenera ahora vague sobre una sonrisa de tiempo. La capital del mundo, Albalate de Zorita, su pueblo, se queda un tanto huérfano y las abejas, sus niñas, tristes, ya no tienen ganas de libar en las florestas de la Alcarria. Los músicos del mundo, todos al unísono, entonan “Lágrimas negras”. La familia y los amigos respiramos un dolorido sentir, una presencia incierta, y tanto dolor se agrupa en el costado, que por doler nos duele hasta el aliento.

Pepe Loeches amaba la música humanizada, él que era un dios sobre la mesa de mezclas. Se inició en la mítica Hispavox, pasó una parte importante de su vida en Londres, dejando el poso esencial de su trabajo en diversos estudios de grabación, incluido los célebres Abbey Road, donde se codeó con los grandes, como Paul McCartney o Stevie Wonder. En España su sonido se hermana con las grabaciones de innumerables artistas de todos los campos de la música, de María Dolores Pradera a José Luis Perales, de Jesús Villa-Rojo a Sphera AntiQva, de Paco de Lucía a Bebo Valdés… y tantos otros que llevan en sus discos su saber, su buen hacer, su humanidad y ese trocito de corazón que siempre dejaba en cada nota que afilaban sus manos sobre la mesa de sonido. Cinco premios Grammy Latinos recibió con honra por su colaboración en los discos de Pepe de Lucía, El corazón de mi gente; de Bebo Valdés y El Cigala, Lágrimas negras; de Paco de Lucía, Cositas buenas; de Bebo Valdés, Bebo; y por la obra de padre e hijo, Bebo Valdés y Chucho Valdés, Juntos para siempre. El orgullo de su trabajo nunca le envaneció, porque Pepe Loeches, más que trabajar, lo que sentía es que estaba ayudando a las personas a ser mejores y a los artistas a ser más artistas. Por eso, cuando hace unos años, consideró que la música comenzaba a deshumanizarse, vendió su estudio, Musigrama, y se hermanó con la naturaleza en su Albalate de Zorita para producir, con sus doscientas colmenas, la mejor miel del mundo. También su miel fue premiada en varias ocasiones, además de con el aplauso de los paladares, con los máximos galardones que otorgaba Alimentos de Castilla-La Mancha.

Pepe Loeches, lo más grande sobre una mesa de mezclas y lo más grande en la apicultura, se hacía enorme con su Carmen, con su Mark, con su familia y con sus amigos. Ese era su gran valor: la amistad leal, en la que nunca distinguió clase o condición, pues el querer no tiene ropajes… “Porque te tengo de querer”, nos cantaba con frecuencia, como una manera de declararnos su amor de niño grande.

El hacha homicida de la muerte lo ha cercenado de golpe y se ha ido como era, sin ningún fasto, sin nada, sin funeral y sin entierro, pues ya dejó dicho que su cuerpo era para la ciencia. La generosidad humilde también ha coronado su despedida.

Hoy ya vivimos con el recuerdo, con su recuerdo. Nos queda quizás algún árbol en la loma, al cual mirar todos los días, las abejas que revolotean entre las flores y nos lo traen en silencio, la música callada que ha echado raíces en nuestro corazón, de la que no podremos desprendernos jamás. Y nos queda la noche, cuando el viento lleno de espacio cósmico nos roe la cara y nos avisa, como Pepe Loeches: ¡La paz sea contigo!

Antonio Illán-Noticiasdigital.es

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